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Invasión de
cultura estadounidense en la Sala Nezahualcoyotl
Ciudad de México, 28 de octubre
(© AVS/LIOWLB/Enkidu Magazine; fotos © Enkidu): En punto de las 12:00
Hrs. la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional Autónoma de México
(OFUNAM) sorprendió gratamente la invasión estadounidense que fue
aplaudida por una sala prácticamente a reventar: los invasores en esta
ocasión fueron: George Gershwin (1898-1937); Leonard Bernstein
(1918-1990); y, John Williams (1932).
El general, perdón, Director al
mando de esta incursión en las mentes y las conciencias de los escuchas
fue el Maestro Alun Francis, recién estrenado Director Artístico de la
OFUNAM y que, una vez más, deja su impronta en los que tuvimos el honor
de atender a este combate, perdón, convite.
Por su parte, en las crónicas de
lo acontecido, como preparando nuestra piel para lo que venía, el
peletero, digo, narrador, fue el Maestro Leonardo Mortera, quien además
de formación actoral, de composición y canto, cuenta con la habilidad
natural de quien nos platica a modo de entremes. Mortera dio pausas
introductorias a las obras musicales, vestido de saco negro y tenis
blancos, como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas, pues lo
mismo aparece y da brincos para llamar al respetable que interactúa con
el público, con los músicos e incluso con el Director.

No se trató, sin embargo, de un
concierto acartonado con fechas y datos muertos, sino entre bromas y
risas, el narrador brindó información –un poco demasiado general
para quien esto escribe- pero entendemos la necesidad de esto ante un
evento poco usual en los rincones más prestigiados de la llamada “Música
Culta”: la presencia de niñas y niños, quienes iban a ver tocar a
sus papás, al tiempo que otros iban para observar el despliegue actoral,
de vestuario y de imaginación de la segunda parte...
Pero regresemos al principio.
Porgy and Bess (Cuadro Sinfónico de Robert Russell Bennett),
obra de Gershwin, se ubica en el barrio negro de Charleston (fundada en
1670 como Charlestown o Charles Towne), Carolina del Sur (incluso hoy día,
en dicha ciudad, la población negra es la segunda en importancia numérica,
con 31.6 % de habitantes).
De hecho, Porgy and Bess sigue
siendo controversial en nuestros días porque se le ha tildado de
racista y donde todos los personajes centrales son personas negras. La
ópera tiene música de Gershwin, con libreto de DuBose Heyward, al
tiempo que la letra es de Ira Gershwin y Dorothy Heyward. Se basa en la
novela Porgy, de Heyward y en la obra de teatro con el mismo nombre,
coescrita entre el autor y su esposa, Dorothy.
“Summertime” es, seguramente,
la parte más popular de la ópera que, en función privada en el
Carnegie Hall (1935), tuvo una duración –incluyendo los dos
intermedios– de cuatro horas, donde se mezcla la tradición operística
europea con el jazz al contarnos la historia de Porgy, hombre pobre e
inválido que vive en los barrios marginados de Charleston y sus
intentos por rescatar a Bess de las garras de Crown, su padrote [pimp],
y de Sportin’ Life, el traficante de drogas.
Precisamente aquí reside la
controversia, pues como el compositor estadounidense Virgil Thomson dijo:
“Las situaciones de un pueblo, re-contadas por un fuereño, sólo son
válidas mientras el pueblo en cuestión es incapaz de hablar por sí
mismo, lo cual obviamente no es el caso de los Negros Estadounidenses en
1935”.
Incluso algunos miembros del reparto original subrayaron sus dudas de
que los personajes pudiesen contribuir con el estereotipo que se tenía
de los afro-estadounidenses: pobres, drogadictos y que resuelven sus
problemas peleando.
Lejos de las controversias, el
Cuadro Sinfónico de Robert Russell Bennett que nos trajo la OFUNAM contó
con una ejecución brillante, en lo sonoro y en los silencios. Una métrica
perfecta y un desplazamiento auditivo que nos llenó la cabeza con
recuerdos y esperanzas.
De West Side Story, como
apunta el Maestro Juan Arturo Brennan en las notas, es una de las
muestras “más contundentes de la estupidez humana... de quienes se
dedican en nuestro país [México, N/E] a traducir los títulos de las
películas y obras de teatro que llegan del extranjero”, al haberle
puesto “Amor Sin Barreras” a la obra de Bernstein.
Es una historia de amor, pues con
todo y que se le haga pasar por simil a Romeo y Julieta, carece de la
profundidad del drama shakesperiano en cuanto a las relaciones de
familia y a lazos de sangre –en su máximo esplendor– mientras West
Side Story es un recuento de la manera en que se interpretan,
entre sí, los estadounidenses, siempre cuidadosos de subrayar lo que
perciben como “sus” orígenes, ya sean italianos, anglosajones,
puertorriqueños (porque entonces no existía el homogeneizante y
generalizador término “latinos”), mexicanos, etc. Además, la
historia se sitúa en Nueva York, donde siempre han habido luchas entre
las poblaciones que llegan en oleadas. Escrita por Arthur Laurents, con
la música de Bernstein y la letra para la música de Stephen Sondheim.
Toda vez que las divisiones
culturales basadas en el origen étnico y en sus estereotipos continúan
siendo cuestionadas tanto por los estudios feministas como más
recientemente por la teoría queer, existe la esperanza de que éstas
construcciones cambiarán por un sentido de pertenencia, tal vez, a la
familia humana.
Entonces, la crítica hecha por
Thomson en relación a Porgy and Bess se aplica de manera igual a West
Side Story toda vez que la población puertorriqueña sigue siendo
sojuzgada por el imperialismo yanqui y es, todavía, capaz de hablar por
sí misma –todavía en castellano, a diferencia de Filipinas-.
En cualquier caso, la
interpretación de las Danzas Sinfónicas de West Side Story, por
la OFUNAM, tuvo un impacto fuerte en la audiencia y el contenido
emocional hizo que la concurrencia moviera los pies o la cabeza
siguiendo el ritmo de música que todos, en algún momento, hemos
escuchado si no es que vivido en la obra musical o, de igual modo, en la
pantalla grande (o sus reproduccciones en TV y por medio del DVD).
La tecnología, lejos de borrar u
obstaculizar los veneros de la imaginación humana, pueden potenciar los
logros de la capacidad individual hasta superar los límites de la
tridimensionalidad y de leyes como la gravedad. El ánimo era el justo:
ansiedad, búsqueda en el entorno. Los ojos de niños y grandes
deambulaban porque tod@s
esperábamos la participación del narrador y jamás soñamos que a lo
largo de toda la Suite Sinfónica de Star Wars, de John Williams,
uno de los arreglistas para que este clásico de las pistas sonoras
dirigiera la misma (el Maestro Alun Francis), al tiempo que los
personajes de la saga recorrían el recinto musical para traer, una vez
más, la memoria de, cuando menos, dos generaciones.
Una obra que se impone por sí
misma, que es reconocida por todo el auditorio es, no debe olvidarse,
difícil de montar y sólo la destreza, la experiencia, la habilidad del
Director Artístico pudo mostrar que en México es posible encontrar un
recinto accesible, toda vez que el concierto del domingo fue transmitido,
como ocurre de manera hebdomadaria, por el Canal 22 de México. Así que
tanto los que estuvimos ahí, como los televidentes, escuchamos de una
fuente prístina, la interpretación de los clásicos de la Guerra de
las Galaxias.

Dos cosas llamaron la atención
de nuestro Director General, Dr. Lars Ivar Owesen-Lein Borge, el porqué
el Maestro Leonardo Mortera no vistió de manera formal, al menos con
tenis negros, y otra el porqué Mortera no utilizó, por ejemplo,
vestuario de época para narrar las historias que iban a ser escuchadas:
ropa de los 30’s, de los 50’s y de la Guerra de las Galaxias... Tal
como ocurrió con Sebastian Kwapisz, concertino que vistió como Luke
Sky Walker...
Quienes esto escribimos
coincidimos, debemos subrayar, en la importancia de este tipo de eventos,
que explotan los cánones tradicionales, los estereotipos alrededor de
un concierto. Vale apuntar, a modo de ejemplos, que por un momento el
Director Artístico dejó su sitio y se mezcló con la orquesta. Otra,
que se pudiera hacer uso de vestuario de Star Wars. Otro más, el
narrador que deambulaba al igual que la presencia de los personajes clásicos,
como salidos de las películas. Finalmente, un punto que nos llamó la
atención fue que de forma puntual se prohibe el uso de equipo electrónico
para tomar fotografías durante la ejecución de las obras; sin embargo,
tan sólo aparecieron los personajes de Star Wars, una miriada de pequeñas
lucecitas rojas alumbraban a diestra y siniestra. Algunos flashes
hicieron lo propio, no sólo desde el primer piso, sino de varios
lugares de la Sala de Conciertos Netzahualcóyotl.
Tal vez este sea un punto que se ha perdido de vista: el hecho de que
para algunas personas es importante contar con una pieza de los momentos
especialísimos como la presencia de la Princesa Lea y Joda pues, ¿cuándo
volveremos a contar con una invasión estadounidense (que no
“norteamericana” como mencionó una y otra vez el Maestro Mortera)
en una sala de conciertos? Tal vez, y sólo tal vez, el compromiso a no
vender las imágenes, o a dar una cooperación voluntaria si se desea
sacar el celular, la cámara, el dejar claro que no se debe utilizar
flash... son apenas ideas para un mundo post Guerra contra el Terrorismo,
un mundo verdaderamente humano. Bien por esta apertura en la OFUNAM,
bien por un concierto que atraerá a futuros conciertos. Una Sala
Netzahualcóyotl llena es un gusto, un placer y una necesidad para todos
los universitarios.
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