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CIUDAD DE MEXICO, 08/02/2011 (Texto ©
Eduardo Franco / Enkidu Magazine; Fotos © Agustin Villalpando & Eduardo
Franco/Enkidu Magazine): La fotografía guarda momentos, eterniza a las
personas… las historias.
Las fotografías son imágenes que conservan,
a veces, más de lo que el mismo fotógrafo creyó atrapar, más de lo que
podemos, incluso, percibir en un instante determinado: El tránsito de
una mosca, por ejemplo, lo menciono porque tengo una foto en casa de mi
madre, después de haber llorado horas, recuerdo que mis dos hermanas
mayores me pusieron guapo para la foto y la mosca sale conmigo…
las fotos guardan instantes y los hacen eternos.
Tengo en mis manos un libro que eternizará y
hará posible la abstracción de ocho años que cambiaron la historia de
nuestro país: Otra Revolución: Fotografías de la Ciudad de México,
1910-1918. Libro editado por el Instituto de Investigaciones
Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Procesado y dirigido por la Doctora Laura González Flores, del Instituto
de Investigaciones Estéticas, en colaboración con Miguel Ángel Berumen,
especialista en estudios de la Revolución y Cine mexicano.
Esta colección de fotografías documenta un
proceso histórico interesante, completo, que genera dudas sobre el
autor, el artista, el creador, el humano, el ciudadano: El tío Ángel.
Las fotos llegan a los investigadores gracias al heredero de éstas:
Ricardo Espinoza Orozco (REO). Un fotógrafo apasionado por la vida y
certero de la responsabilidad que le representaba el ser el dueño de ese
tesoro fotográfico: “…es un honor y alegría compartir esto, desde que lo
tuve en mis manos sabía que tenía que compartirlo… aunque tardé en
encontrar a las personas indicadas”. Estoy frente a REO, un hombre como
de 45 años, entradas en su cuero cabelludo, su rostro brilloso por el
ajetreado día, tomando una copa de vino en las manos y dispuesto a
responder cada pregunta que pueden compartir de manera fidedigna a
través de youtube:
Este tesoro permaneció oculto, por cien
años, en el rincón de una casa. El acervo cuenta con mil 700 negativos y
positivos en cristal, captados por el Tío Ángel, un personaje de
identidad poco clara, de quien se especula la fotografía fue su
pasatiempo, me atrevo a decir que más bien fue su pasión.
El tío Ángel es excepcional, lo que logró
atrapar en cada fotografía habla de ingenio, sensibilidad y pasión.
Benito Taibo, historiador, lo define perfecto (chequen en youtube lo que
dice…): “¿Qué y cómo fotografiar un presente más que turbulento? Su
mundo se estaba cayendo…”. Seguro, no hay palabras que definan las
imágenes que atrapó con su cámara estereoscópica. No imagino que pudo
sentir al captar “… temas arquetípicos e imágenes de relevancia
histórica”, que incluyen al Ejército mexicano, a Francisco I. Madero, un
cuerpo de voluntarios, la entrada de Villa y Zapata a la ciudad y del
Ejército Constitucionalista, pero sobre todo a esos pobres locos y
junkies de la época.
En tanto, la investigadora, Laura González
Flores, lo define como: “…una impresionante colección de imágenes de la
ciudad de México y sus alrededores…”.

Las fotos…
800 fotografías, excelsas todas, con valores
de diversa índole, estoy seguro que el autor sólo ponía de sí en cada
toma sin esperar el valor que hoy le damos. Entre ella podemos ver la
panorámica del desfile del 5 Mayo de 1913, el Teatro Nacional de 1910 en
construcción, el hipódromo del Jockey Club en La Condesa, la Familia
Lavista –importante en la historia del autor, la Plaza de Armas, la
Iglesia de la Soledad, automóviles de la colonia Roma y otras más.
¡Otra Revolución, es recomendable! Su
costo es de $700.00 M.N. Vale la pena disfrutarlo, además es parte del
acervo de la UNAM. ¡Un tesoro, neta que sí!
Indigna y anodina…
Andrés Ríos Molina, historiador, explica que
las fotografías estereoscópicas fueron definidas, durante la época, como
“indignas y anodinas” porque a partir de la cámara portátil de marca
Verograph, la fotografía se popularizó, ésta era de fácil manejo y
rechazada por los profesionales de la creación de vistas. Esto lo dijo
en el Museo Archivo de la Fotografía (MAF), durante la presentación del
libro.
Esta edición, además de las fotos, cuenta
con tres ensayos referentes a la investigación realizada sobre el
contenido y valor histórico.
Tengo calor, el auditorio de la presentación
está lleno. Pero, es el turno de Benito Taibo. Ese hombre tiene una
elocuencia al hablar y describir maravillosa, un énfasis en cada
expresión, goza las palabras y su contenido, ¡tan simple!
Define a la fotografía como “el testigo
implacable y, en ocasiones, verdugo de los sueños. La fotografía llegó
para instalarse en la vida cotidiana y también en la de los tiempos de
guerra, entró a las casas y a la cocina, y sirvió para delatar, decorar
y para dejar constancia, para dotar de identidad o para mentir
descaradamente”. “En realidad echamos mano del fotógrafo para ayudar con
su arte a volvernos un poco más inmortales… semidioses que aspiramos a
la eternidad que no conoceremos nunca jamás”.
La fotografía es el medio y el mensaje, como
lo dice Mc Luhan, sirve como intermediario entre el que está tras el
obturador y el otro o los otros que se vuelven parte del paisaje, muchas
veces sin desearlo: “Para mí, la imagen juega un papel crucial en la
creación de iconos, además de que está ahí para recordarnos que la
sonrisa y el llanto son tan parecidos ayer y hoy”, concluyó. Los
aplausos no se hacen esperar, siempre agradecemos la sensibilidad de un
alguien al comentar la sensibilidad de otro alguien.
La presentación terminó, los libros han
llegado, habrá vino de honor para celebrar la venta al público. Además
anunciaron la exposición que se encuentra sobre las rejas de la Catedral
Metropolitana, sobre la calle de Guatemala, y la futura exposición de
las vistas en el MAF en el próximo mes de octubre.
Y así les dejo un consejo antes de ser
viejo: Consigan el libro. Vale la pena. Hasta el siguiente libro.

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