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A DIEZ años de ”Don’t Ask, Don’t tell.”

“Military Increasingly Needs Linguists—But Not Gay Ones,” ANNE HULL, Washington Post

Cathleen Glover limpiaba la alberca en la residencia del Embajador de Sri Lanka cuando escuchó el sonido del árabe por entre los árboles. Glover ganaba $11 dólares por hora al tabajar en una compañía de mantenimiento de albercas, limpiando de hojas y verificando los niveles de cloro en los patios de Washington. Nadie sabía su pasado, pero este la encontró.

Glover reconoció el llamado a la oración, proveniente de la mezquita cercana, y al mismo tiempo iba traduciendo las palabras en su cabeza. Ella había aprendido árabe en el Instituto de Idimas del Departamento de Defensa [Defense Language Institute], la escuela más importante en la milicia, con sede en Monterey, California. Apenas en su gaduación, el año pasado, un estudio de la Contraloría del Gobierno [Government Accounting Office] reportó que el ejército se enfrenta a un recorte crítico de linguistas para traducir información interceptada, y para interrogar sospechosos de terrorismo. “Yo era lo que el país necesitaba,” asegura Glover.

Lo era y no lo era, pues Glover es lesbiana. Ella fue capaz de dominar el árabe pero no pudo vivir una doble vida bajo la política castrense conocida como ”don’t ask, don’t tell” [No pregunto, no me dices]. Luego de dos años en el ejército, Glover, de 26 años de edad, escribió de manera voluntaria una declaración donde reconoció su homsexualidad.

Ante la falta de intérpretes de Arabe, y su política de prohibir que personas abiertamente gays participen en sus filas, el Pentágono eligió una que dejó a Glover limpiando albercas en lugar de ayudarle al gobierno de Estados Unidos en el desierto.

En los últimos dos años, el Departamento de Defensa ha corrido a 37 linguistas del Instituto de Idiomas del Departamento de Defensas por ser gay. Como Glover, muchos estudiaron árabe, y en momentos de una fuerte necesidad de especialistas en inteligencia, 37 linguistas fueron despedidos por su orientación sexual.

De forma histórica, líderes militares han argüído que permitir que gays sirvan en el ejército minaría la cohesión y los esfuerzos de reclutación, así como violaría los derechos a la privacía de los miembros heterosexuales. En 1993, a iniciativa del Presidente Clinton, el Congreso acordó aligerar su prohibición total a los gays en el ejército, con una política que sería conocida como ” ”don’t ask, don’t tell,” que permite a los gays servir en las fuerzas armadas, mientras conserven en secreto su orientación sexual.

En este X Aniversario de ”don’t ask, don’t tell” existe un país muy cambiado. En 1993, no existía Will & Grace, ni Jack participaba en Dawson’s Creek, ningún comercial de la cerveza Miller Lite estaba dirigido a los consumidores gay. En 1993, apenas una docena de preparatorias estadounidenses tenía organizaciones Gay-Straight Alliance [Alianza Gay-Buga (heterosexual)]. Hoy, existen casi 2,000. En 1993, apenas una docena de las compañías de Fortune 500 ofrecían beneficios de salud a parejas del mismo género de sus empleados. Hoy casi 200 lo hacen.

Esta nueva versión de Estados Unidos es la que los reclutas más jóvenes dejan atrás al unirse a la milicia. En promedio, tres de cuatro miembros en servicio son despedidos cada día por ser gay. La mayoría lo son por hacer alguna declaración sobre su sexualidad, y la mayoría son menores de 25 años de edad.

“En el caso de algunos, llegan al Ejército y son traumatizados por un sentimiento de que el ejército está 20 años tras la curva social,” declaró Jeff Cleghorn, ex abogado en Servicemembers Legal Defense Network [Red de Defensa Legal de Miembros en Servicio de las Fuerzas Armadas], grupo en defensa de los derechos gay que monitorea la justicia castrense.

El ejército dice que los despidos de linguistas fueron consecuencia de la incapacidad de seguir una política conocida. “Tenemos estándares,” dijo Harvey Perritt, vocero del Comando de Entrenamiento y Doctrina del Ejército de Estaods Unidos [U.S. Army Training and Doctrine Command] en Fort Monroe, Virginia, “tenemos estándares físicos, estándares académicos. No existen diferencias al administrar dichos estándares y entre ellos se encuentra ’don’t ask, don’t tell.’ Las reglas son las reglas.”

Académicos militares aseguran que es cuestión de tiempo para que la prohibición sea retirada. “’Don’t ask, don’t tell’ es un paso intermedio hacia el cambio inevitable,” dijo John Allen Williams, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Loyola University en Chicago, y presidente del Seminario Inter-Universitario sobre las Fuerzas Aramadas y la Sociedad [Inter-University Seminar on Armed Forces and Society].

El Presidente Bush no ha buscado reexaminar la prohibición, a pesar de la enorme presión a que se enfrenta el ejército desde los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Alastair Gamble es uno de los linguistas árabes despedidos del Instituto de Idiomas del Departamento de Defensa. Se le encontró en su dormitorio con su novio, otro linguista, durante una inspección de sorpresa en las barracas a las 3:30 de la mañana. Mientras que muchos heterosexuales fueron sorprendidos, Gamble y su pareja fueron sujetos de investigación sobre conducta homosexual. Ambos fueron despedidos. Gamble, graduado de la Univesidad de Emory, y quien había completado un curso de inteligencia de nueve semanas, asumió que su valor para el Ejército lo salvaría.

“Desarrolle una hubris sobre esta habilidad,” declara Gamble, de 24 años de edad, quien vive en Washington y trabaja para una firma de arquitectura. “Creí que podía hacer mi trabajo bien y que serían demasiado tontos si me despedían.”

El Instituto de Idiomas del Departamento de Defensa es la principal escuela de idiomas extranjeros del Departamento de Defensa. Por décadas, el ruso fue el idioma dominante. Pero desde 2001, el tañano de la clase de árabe había aumentado. De los casi 3,800 estudiantes enlistados en el instituto, 832 aprendían árabe, 743 coreano, 353 chino y 301 ruso, con los demás estudiantes especializándose en otros idiomas.

Muchos de los linguistas gay despedidos estudiaban árabe o coreano, entre los idiomas más rigurosamente enseñados y de los más costosos para el gobierno de Estados Unidos. El Instituto de Idiomas del Departamento de Defensa cree que el valor de su programa de 63 semanas para el idioma árabe – sin incluir alojamiento, personal y el salario de los miembros del servicio –en $33,500 dólares.

El ejército dio eficiencia a Cathleen Glover en árabe, pero también escribió las palabras: ”HOMOSEXUAL ADMISSION” [Admisión homosexual] en los documentos de despido. El mejor trabajo que pudo conseguir fue limpiando albercas.

Glover es una muchacha de apariencia normal, aunque siempre trae consigo libros sobre el Islam, así como el último número de la revista Foreign Policy [Política Exterior]. Ella comparte un departamento en Washington con otro linguista que fue despedido y quien trabaja de manera temporal en una firma de abogados. Los dos ven al-Jazeera en la televisión por cable para conservar su árabe.

Glover se graduó de la Universidad de Miami en Ohio en 1999 con un grado en Ciencia Política. Estuvo un semestre en Irlanda, estudiando resolución de conflictos. Era profesora sustituta en Ohio cuando un reclutador del ejército le habló sobre el instituto. Glover pensó que aprender un idioma la prepararía en su carrera en el servicio exterior. Siendo que es una persona muy reservada por naturaleza, pensó además que podría vivir bajo reglas como ”don’t ask, don’t tell.”

“Suena muy simple, no digas nada,” razonó ella. Glover llegó al Intituto de Idiomas del Departamento de Defensa tras nueve semanas de entrenamiento básico. El campus era maravilloso, con palmeras y una vista espectacular de la Bahía de Monterey. Al igual que Glover, muchos estudiantes tenían una carrera.

La clase de Glover estaba a la mitad cuando ocurrió lo del 11 de septiembre de 2001. El Campus DLI fue aislado y el único canal que podía verse en la televisión en el salón de Glover era al-Jazeera. Los estudiantes utilizaron el árabe limitado con que contaban, a fin de averiguar lo ocurrido. En apenas unas horas, su valor en el ejército se multiplicó. Un oficiál que visitaba el salón de clases de Glover recordó a los linguistas que su trabajo era defender a los Estados Unidos.

Glover tenía una calificación de 3.2 en promedio y encabezaba al grupo de estudio; sin embargo, en privado, estaba nerviosa. El campus del Instituto de Idiomas del Departamento de Defensa era más académico que un puesto militar, pero la política de ”don’t ask, don’t tell” aún era la que imperaba. “¿Qué pasaría si una persona casada en el ejército no pudiese decirle a nadie que existe su esposa? ¿Y si lo hacía y fuera despedido?,” cuestionó Glover.

Glover se encontró en un predicamento, pues su pareja había llegado a un departamento en Monterey, proveniente de Ohio. Glover no dijo a nadie y dividió su tiempo entre su puesto y su pareja, mientras que mentía sobre el lugar donde estaba al momento de salir. Temía ser vista en público con su pareja y este constante esconderse tuvo su costo: terminó la relación de cuatro años y esto aumentó el enojo de Glover hacia ”don’t ask, don’t tell.”

Luego vino la inspección de cuartos de sorpresa, donde encontraron a Alastair Gamble y su pareja, lo que incrementó el nivel de ansiedad para los gays en el instituto.

El mejor amigo de Glover era otro linguista gay. Recibió órdenes para embarcarse en Fort Campbell, un puesto del ejército en Kentucky temido por los miembros gay del ejército. En 1999, Pfc. Barry Winchell fue golpeado hasta la muerte en las barracas por un soldado, pues supo que era gay. En lugar de ir a Fort Campbell, el amigo de Glover declaró su homosexualidad y fue despedido.

Glover se graduó del programa de árabe en 2002, pero emocionalmente estaba resquebrajándose. Finalmente confesó su problema: estaba exhausta de esconder su identidad. Confirmando los temores de Glover, el consejero preguntó el nombre y número de teléfono de su comandante. No pasó mucho tiempo cuando se le ordenó ir al psiquiatra del ejército.

Glover se dirigió a su computadora y escribió: “Después de un año de lucha interna intensa, he llegado a la conclusión de que es en el mejor interés del Ejército de Estados Unidos y de mi salud mental, que yo le informe que soy lesbiana.” Ella llevó la carta en su bolsillo por dos días. Cuando finalmente se lo dio a su comandante, él la acusó de haber mentido. Tal vez deseaba abordar el asunto desde otra perspectiva a fin de mantenerla. En su frustración, Glover escribió un ensayo sobre su experiencia al vivir bajo ”don’t ask, don’t tell” y lo envió por correo al diario Monterey County Herald.

En una semana, fue enviada a la Base Goodfellow de la Fuerza Aerea en San Angelo, Texas, para la capacitación de inteligencia. Al final, la carta de Glover la alcanzó. Su capitán había leído su carta en la sección de opiniones al editor del diario de Monterey. Se recomendó que fuera despedida en el tipo general discharge, lo que significaría que no recibiría ningun tipo de beneficios por ser veterana, y llevaría consigo una bandera roja para que fuera vista por todos su empleadores potenciales. Con ayuda de un abogado del ejército, ganó un despido honorable [honorable discharge].

En lugar de sentirse liberada, Glover sintió deslealtad. Se fue a Washington, donde buscó un trabajo en la Agencia de Seguridad Nacional [National Security Agency]. Puesto que su examen de seguridad [security clearance] había sido revocado, éste llevaría meses, por lo que aceptó el trabajo en la compañía de albercas.

El mismo día de Octubre en que un carro bomba impactó a la Cruz Roja y estaciones de policía en Bagdad, trayendo consigo la muerte de 35 personas, Glover tuvo ocho albercas en su ruta. Ella vestía los shorts del ejército y escuchaba la radio mientras iba de casa en casa.

Finalmente, su suerte cambió. Hace tres semanas, se le llamó para una entrevista en una Organización Sin Fines de Lucro en Washington que construye empresas privadas en otros países. Su conocimiento del árabe selló el trato y su salario será de $28,000 dólares con un viaje posible a El Cairo.

A fin de recuperar el idioma, Glover volvió a su diccionario Arabe-Inglés que utilizaba en el Instituto de Idiomas del Departamento de Defensa. Dentro de una página está una inscripción que escribió como una soldado nueva: “Propiedad del Gobierno de Estados Unidos (¡justo como mi cabeza!).” Al ver esta frase, Glover dijo: “Ellos me perdieron.”

“Military Increasingly Needs Linguists—But Not Gay Ones,” ANNE HULL, Washington Post,

 

 

 

 

 

 

 

 

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2003
Document created 12.12.2003, 02:11:02 CET
Published 14.12.2003

 

 

 

 

 

 

 

 

A DIEZ años de ”Don’t Ask, Don’t tell.”

“Military Increasingly Needs Linguists—But Not Gay Ones,” ANNE HULL, Washington Post

Cathleen Glover limpiaba la alberca en la residencia del Embajador de Sri Lanka cuando escuchó el sonido del árabe por entre los árboles. Glover ganaba $11 dólares por hora al tabajar en una compañía de mantenimiento de albercas, limpiando de hojas y verificando los niveles de cloro en los patios de Washington. Nadie sabía su pasado, pero este la encontró.

Glover reconoció el llamado a la oración, proveniente de la mezquita cercana, y al mismo tiempo iba traduciendo las palabras en su cabeza. Ella había aprendido árabe en el Instituto de Idimas del Departamento de Defensa [Defense Language Institute], la escuela más importante en la milicia, con sede en Monterey, California. Apenas en su gaduación, el año pasado, un estudio de la Contraloría del Gobierno [Government Accounting Office] reportó que el ejército se enfrenta a un recorte crítico de linguistas para traducir información interceptada, y para interrogar sospechosos de terrorismo. “Yo era lo que el país necesitaba,” asegura Glover.

Lo era y no lo era, pues Glover es lesbiana. Ella fue capaz de dominar el árabe pero no pudo vivir una doble vida bajo la política castrense conocida como ”don’t ask, don’t tell” [No pregunto, no me dices]. Luego de dos años en el ejército, Glover, de 26 años de edad, escribió de manera voluntaria una declaración donde reconoció su homsexualidad.

Ante la falta de intérpretes de Arabe, y su política de prohibir que personas abiertamente gays participen en sus filas, el Pentágono eligió una que dejó a Glover limpiando albercas en lugar de ayudarle al gobierno de Estados Unidos en el desierto.

En los últimos dos años, el Departamento de Defensa ha corrido a 37 linguistas del Instituto de Idiomas del Departamento de Defensas por ser gay. Como Glover, muchos estudiaron árabe, y en momentos de una fuerte necesidad de especialistas en inteligencia, 37 linguistas fueron despedidos por su orientación sexual.

De forma histórica, líderes militares han argüído que permitir que gays sirvan en el ejército minaría la cohesión y los esfuerzos de reclutación, así como violaría los derechos a la privacía de los miembros heterosexuales. En 1993, a iniciativa del Presidente Clinton, el Congreso acordó aligerar su prohibición total a los gays en el ejército, con una política que sería conocida como ” ”don’t ask, don’t tell,” que permite a los gays servir en las fuerzas armadas, mientras conserven en secreto su orientación sexual.

En este X Aniversario de ”don’t ask, don’t tell” existe un país muy cambiado. En 1993, no existía Will & Grace, ni Jack participaba en Dawson’s Creek, ningún comercial de la cerveza Miller Lite estaba dirigido a los consumidores gay. En 1993, apenas una docena de preparatorias estadounidenses tenía organizaciones Gay-Straight Alliance [Alianza Gay-Buga (heterosexual)]. Hoy, existen casi 2,000. En 1993, apenas una docena de las compañías de Fortune 500 ofrecían beneficios de salud a parejas del mismo género de sus empleados. Hoy casi 200 lo hacen.

Esta nueva versión de Estados Unidos es la que los reclutas más jóvenes dejan atrás al unirse a la milicia. En promedio, tres de cuatro miembros en servicio son despedidos cada día por ser gay. La mayoría lo son por hacer alguna declaración sobre su sexualidad, y la mayoría son menores de 25 años de edad.

“En el caso de algunos, llegan al Ejército y son traumatizados por un sentimiento de que el ejército está 20 años tras la curva social,” declaró Jeff Cleghorn, ex abogado en Servicemembers Legal Defense Network [Red de Defensa Legal de Miembros en Servicio de las Fuerzas Armadas], grupo en defensa de los derechos gay que monitorea la justicia castrense.

El ejército dice que los despidos de linguistas fueron consecuencia de la incapacidad de seguir una política conocida. “Tenemos estándares,” dijo Harvey Perritt, vocero del Comando de Entrenamiento y Doctrina del Ejército de Estaods Unidos [U.S. Army Training and Doctrine Command] en Fort Monroe, Virginia, “tenemos estándares físicos, estándares académicos. No existen diferencias al administrar dichos estándares y entre ellos se encuentra ’don’t ask, don’t tell.’ Las reglas son las reglas.”

Académicos militares aseguran que es cuestión de tiempo para que la prohibición sea retirada. “’Don’t ask, don’t tell’ es un paso intermedio hacia el cambio inevitable,” dijo John Allen Williams, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Loyola University en Chicago, y presidente del Seminario Inter-Universitario sobre las Fuerzas Aramadas y la Sociedad [Inter-University Seminar on Armed Forces and Society].

El Presidente Bush no ha buscado reexaminar la prohibición, a pesar de la enorme presión a que se enfrenta el ejército desde los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Alastair Gamble es uno de los linguistas árabes despedidos del Instituto de Idiomas del Departamento de Defensa. Se le encontró en su dormitorio con su novio, otro linguista, durante una inspección de sorpresa en las barracas a las 3:30 de la mañana. Mientras que muchos heterosexuales fueron sorprendidos, Gamble y su pareja fueron sujetos de investigación sobre conducta homosexual. Ambos fueron despedidos. Gamble, graduado de la Univesidad de Emory, y quien había completado un curso de inteligencia de nueve semanas, asumió que su valor para el Ejército lo salvaría.

“Desarrolle una hubris sobre esta habilidad,” declara Gamble, de 24 años de edad, quien vive en Washington y trabaja para una firma de arquitectura. “Creí que podía hacer mi trabajo bien y que serían demasiado tontos si me despedían.”

El Instituto de Idiomas del Departamento de Defensa es la principal escuela de idiomas extranjeros del Departamento de Defensa. Por décadas, el ruso fue el idioma dominante. Pero desde 2001, el tañano de la clase de árabe había aumentado. De los casi 3,800 estudiantes enlistados en el instituto, 832 aprendían árabe, 743 coreano, 353 chino y 301 ruso, con los demás estudiantes especializándose en otros idiomas.

Muchos de los linguistas gay despedidos estudiaban árabe o coreano, entre los idiomas más rigurosamente enseñados y de los más costosos para el gobierno de Estados Unidos. El Instituto de Idiomas del Departamento de Defensa cree que el valor de su programa de 63 semanas para el idioma árabe – sin incluir alojamiento, personal y el salario de los miembros del servicio –en $33,500 dólares.

El ejército dio eficiencia a Cathleen Glover en árabe, pero también escribió las palabras: ”HOMOSEXUAL ADMISSION” [Admisión homosexual] en los documentos de despido. El mejor trabajo que pudo conseguir fue limpiando albercas.

Glover es una muchacha de apariencia normal, aunque siempre trae consigo libros sobre el Islam, así como el último número de la revista Foreign Policy [Política Exterior]. Ella comparte un departamento en Washington con otro linguista que fue despedido y quien trabaja de manera temporal en una firma de abogados. Los dos ven al-Jazeera en la televisión por cable para conservar su árabe.

Glover se graduó de la Universidad de Miami en Ohio en 1999 con un grado en Ciencia Política. Estuvo un semestre en Irlanda, estudiando resolución de conflictos. Era profesora sustituta en Ohio cuando un reclutador del ejército le habló sobre el instituto. Glover pensó que aprender un idioma la prepararía en su carrera en el servicio exterior. Siendo que es una persona muy reservada por naturaleza, pensó además que podría vivir bajo reglas como ”don’t ask, don’t tell.”

“Suena muy simple, no digas nada,” razonó ella. Glover llegó al Intituto de Idiomas del Departamento de Defensa tras nueve semanas de entrenamiento básico. El campus era maravilloso, con palmeras y una vista espectacular de la Bahía de Monterey. Al igual que Glover, muchos estudiantes tenían una carrera.

La clase de Glover estaba a la mitad cuando ocurrió lo del 11 de septiembre de 2001. El Campus DLI fue aislado y el único canal que podía verse en la televisión en el salón de Glover era al-Jazeera. Los estudiantes utilizaron el árabe limitado con que contaban, a fin de averiguar lo ocurrido. En apenas unas horas, su valor en el ejército se multiplicó. Un oficiál que visitaba el salón de clases de Glover recordó a los linguistas que su trabajo era defender a los Estados Unidos.

Glover tenía una calificación de 3.2 en promedio y encabezaba al grupo de estudio; sin embargo, en privado, estaba nerviosa. El campus del Instituto de Idiomas del Departamento de Defensa era más académico que un puesto militar, pero la política de ”don’t ask, don’t tell” aún era la que imperaba. “¿Qué pasaría si una persona casada en el ejército no pudiese decirle a nadie que existe su esposa? ¿Y si lo hacía y fuera despedido?,” cuestionó Glover.

Glover se encontró en un predicamento, pues su pareja había llegado a un departamento en Monterey, proveniente de Ohio. Glover no dijo a nadie y dividió su tiempo entre su puesto y su pareja, mientras que mentía sobre el lugar donde estaba al momento de salir. Temía ser vista en público con su pareja y este constante esconderse tuvo su costo: terminó la relación de cuatro años y esto aumentó el enojo de Glover hacia ”don’t ask, don’t tell.”

Luego vino la inspección de cuartos de sorpresa, donde encontraron a Alastair Gamble y su pareja, lo que incrementó el nivel de ansiedad para los gays en el instituto.

El mejor amigo de Glover era otro linguista gay. Recibió órdenes para embarcarse en Fort Campbell, un puesto del ejército en Kentucky temido por los miembros gay del ejército. En 1999, Pfc. Barry Winchell fue golpeado hasta la muerte en las barracas por un soldado, pues supo que era gay. En lugar de ir a Fort Campbell, el amigo de Glover declaró su homosexualidad y fue despedido.

Glover se graduó del programa de árabe en 2002, pero emocionalmente estaba resquebrajándose. Finalmente confesó su problema: estaba exhausta de esconder su identidad. Confirmando los temores de Glover, el consejero preguntó el nombre y número de teléfono de su comandante. No pasó mucho tiempo cuando se le ordenó ir al psiquiatra del ejército.

Glover se dirigió a su computadora y escribió: “Después de un año de lucha interna intensa, he llegado a la conclusión de que es en el mejor interés del Ejército de Estados Unidos y de mi salud mental, que yo le informe que soy lesbiana.” Ella llevó la carta en su bolsillo por dos días. Cuando finalmente se lo dio a su comandante, él la acusó de haber mentido. Tal vez deseaba abordar el asunto desde otra perspectiva a fin de mantenerla. En su frustración, Glover escribió un ensayo sobre su experiencia al vivir bajo ”don’t ask, don’t tell” y lo envió por correo al diario Monterey County Herald.

En una semana, fue enviada a la Base Goodfellow de la Fuerza Aerea en San Angelo, Texas, para la capacitación de inteligencia. Al final, la carta de Glover la alcanzó. Su capitán había leído su carta en la sección de opiniones al editor del diario de Monterey. Se recomendó que fuera despedida en el tipo general discharge, lo que significaría que no recibiría ningun tipo de beneficios por ser veterana, y llevaría consigo una bandera roja para que fuera vista por todos su empleadores potenciales. Con ayuda de un abogado del ejército, ganó un despido honorable [honorable discharge].

En lugar de sentirse liberada, Glover sintió deslealtad. Se fue a Washington, donde buscó un trabajo en la Agencia de Seguridad Nacional [National Security Agency]. Puesto que su examen de seguridad [security clearance] había sido revocado, éste llevaría meses, por lo que aceptó el trabajo en la compañía de albercas.

El mismo día de Octubre en que un carro bomba impactó a la Cruz Roja y estaciones de policía en Bagdad, trayendo consigo la muerte de 35 personas, Glover tuvo ocho albercas en su ruta. Ella vestía los shorts del ejército y escuchaba la radio mientras iba de casa en casa.

Finalmente, su suerte cambió. Hace tres semanas, se le llamó para una entrevista en una Organización Sin Fines de Lucro en Washington que construye empresas privadas en otros países. Su conocimiento del árabe selló el trato y su salario será de $28,000 dólares con un viaje posible a El Cairo.

A fin de recuperar el idioma, Glover volvió a su diccionario Arabe-Inglés que utilizaba en el Instituto de Idiomas del Departamento de Defensa. Dentro de una página está una inscripción que escribió como una soldado nueva: “Propiedad del Gobierno de Estados Unidos (¡justo como mi cabeza!).” Al ver esta frase, Glover dijo: “Ellos me perdieron.”

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