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Bolivia en Revolución,
Andalucía Libre
La
Revolución no ha triunfado en Bolivia pero el levantamiento popular sí
que ha conseguido exilar al Presidente Goni, el gringo carnicero. A
esta fecha no puede saberse si finalmente la Revolución Boliviana vencerá
pero lo que sí puede constatarse es que Bolivia está en Revolución. La
ultima ofensiva obrera, campesina, indigena... popular, ha pagado cerca de 140
muertos para avalar esta constatación. Los apoyos recibidos en plena represión
por el Presidente Goni desde EEUU, la OEA, la Unión Europea y específicamente
el Estado español, no han sido efectivos para mantenerle en el puesto.
El
proceso político y social que vive Bolivia desde Enero de 2003 supera el
nivel de la protesta masiva o incluso de la mera revuelta, por
profunda que sea. En Bolivia se anda dando vueltas en torno a la cuestión del
Poder (no sólo del Gobierno) y de lo que allí se trata es de quien
y para qué ocupa el Poder. Y eso es una Revolución. Siguen planteándose
demandas pero cuando el Gobierno se niega a ejecutarlas y reprime, la reacción
no es someterse o esperar a las próximas elecciones sino movilizarse para
exigir su renuncia. Conviene recordar -eso también- que las revoluciones pueden
abortarse, frustrarse; o ser derrotadas, traicionadas o interrumpidas.
El
Goni sigue ahora la senda del argentino De la Rua pero la
correlación de fuerzas en Bolivia es más favorable para las fuerzas obreras
y populares que la que se vio en Argentina. En otras palabras, el ascendido
Presidente Mesa, aunque lo pretenda, lo tiene más difícil para
reproducir en La Paz el papel de Duhalde-Kirchner. El temor que pretenden
imponer las FFAA bolivianas ya se ha visto convenientemente acotado y respondido
por la insurrección de El
Alto (una ciudad de la periferia de La Paz, de mayoría obrera y
aymara) o por el mantenimiento de los cortes de carreteras resistiendo la
represión; su operatividad ha sido cuestionada además por la insumisión
de soldados de reemplazo, reprimida por oficiales con asesinatos. La
fuerza intimidatoria actual del imperialismo yanqui, enfangado en Iraq,
atento a Venezuela, pringado en Colombia y enfrascado por la supervisión
de Brasil, ya no puede operar como un condicionante terminal objetivo.
Bolivia
es un país empobrecido. La rapiña se arrastra desde la Colonia, pasando por
la República criolla y llegando incrementada exponencialmente hasta hoy, tras
sufrir un decenio de expolio neoliberal y privatizador. Pero esa misma pobreza
y la polarización social que conlleva, al acompañarse de un movimiento
popular con tradición de lucha y fuerza respetable, no es un lastre sino una
plataforma para alcanzar la emancipación, a poco que se asuma
consecuentemente con decisión, como dato y palanca.
La
resistencia al proyecto de robo descarado de la riqueza nacional
boliviana impulsado por el Gobierno Goni ha actuado como resumen y síntesis
del malestar acumulado y de las otras demandas populares: por la tierra,
contra el ALCA, contra la erradicación del cultivo de la coca, contra el
despido libre, contra las privatizaciones, contra los recortes saláriales,
contra los asaltos tributarios... El rechazo al orden neoliberal -que
en Bolivia es la forma actual del capitalismo dependiente- se ha hecho
amplísimo y a su par se ha llevado por delante, si no todas, sí una
gran parte de las ilusiones y confianzas populares en el régimen
parlamentario. No hay que olvidar que el presidente derrocado había ganado
las elecciones (aunque por poco) en fecha tan reciente como junio de 2002 y
con una participación del 71,9%.
La
secuencia y formulación del ultimo mes de ofensiva popular es significativa.
Cortes de ruta en el Altiplano que resisten la represión militar; llamamiento
a la Huelga General indefinida y paulatina incorporación de sectores y
territorios; extensión de los bloqueos por la zona cocalera; insurrección en El
Alto estructurada a través de juntas vecinales; manifestaciones y
enfrentamientos por todo el país recrudecidos e incrementados por el rechazo
a la represión y marchas de mineros hacia La Paz; acoso al Palacio
Quemado y declaraciones de protesta de las "clases medias"
con huelgas de hambre. Tras el ejercicio frustado de mantenerse en el
poder a toda costa, el Goni intenta confundir al movimiento popular sin éxito;
la Iglesia y la Embajada yanqui admiten que su tiempo ya ha pasado y que para
evitar males mayores ha de renunciar en su vice Mesa, que se desmarca a toda
prisa de su jefe sólo cuatro días antes de su renuncia. Las FFAA aclaran
que "defienden la institución pero no a quien la ocupa" y
las fuerzas políticas neoliberales del Parlamento se suman al cambio de
caballo a galope tendido. Goni, renuncia; se nombra a Mesa y el
expresidente depuesto escapa en avión a Miami.
El movimiento popular
El
movimiento popular boliviano, tras una rica, compleja y accidentada historia, tiene
hoy una composición articulada en torno a tres ejes fundamentales. La COB,
dirigida por Jaime Solares, central sindical histórica, debilitada en relación
al pasado pero que conserva capacidades aglutinantes y representativas.
El Movimiento Indígena Pachacuti-Confederación Sindical Única de
Trabajadores Campesinos de Bolivia (MIP-CSUTCB),
liderado por Felipe
Quispe, el Mallku, nacionalista aymara (6.1% en las ultimas
elecciones presidenciales), implantado especialmente en el Altiplano. El
Movimiento al Socialismo (MAS) encabezado por Evo Morales
(20,9% en las presidenciales), originario de Oruro pero establecido en
Cochabamba, donde alcanza la dirección sindical campesina de los cocaleros,
de la que surgirá como brazo político el MAS, expandiéndose luego a nivel
nacional. Los tres componentes son movimientos sociopolíticos o político-sindicales,
con predominancia repartida entre sectores y territorios. Si tanto
como consecuencia de la fuerte tradición sindical como por herencia del
funcionamiento comunitario indígena, en su conjunto, tienen un peso
significativo las practicas de deliberación y decisión colectivas; estas
coexisten con una influencia determinante de sus respectivos lideres, que
se expresa en formas que hoy pueden resultar sorprendentes vistas desde fuera
de Bolivia. Las relaciones entre estas tres formaciones pueden caracterizarse
como de competencia conflictiva. Tambien merece reseñarse la capacidad que
muestran, en ocasiones, para compatibilizar discursos intransigentes con
practicas muy negociadoras, lo que aconseja una lectura cuidadosa y
contrastada de sus pronunciamientos.
Bolivia
es una nación plurietnica con una amplia mayoría indígena secularmente
explotada, oprimida y despreciada desde la Conquista española hasta hoy. Además
arrastra problemas de cohesión territorial, con soterradas tensiones
segregacionistas desde Tarija (donde están los yacimientos de gas) y
Santa Cruz (cabeza del Oriente boliviano en expansión), derivadas de los
conflictos internos de poder entre los diversos componentes locales de la
oligarquía boliviana.
Coyuntura y Perspectivas
En
Bolivia ahora se vive un compás de espera donde priman los dobles discursos y
la ambiguedad. El movimiento popular se siente victorioso con razón por haber
sido capaz de expulsar al Goni. El nuevo Presidente Mesa hace equilibrios e intenta
ganar tiempo, buscando disociarse de su anterior socio, diciendo unas cosas en
la calle y otras en la prensa o ante enviados extranjeros. Tambien busca
dividir al movimiento popular y cooptar al máximo posible de sectores, para
desarticularlo. De forma confusa, se ha comprometido a consultar al pueblo
boliviano sobre la cuestión del gas mediante referéndum (es decir, no se ha
comprometido a derogar directamente ya las leyes, decretos y proyectos
que han provocado la ultima protesta) centrando además la cuestión en
el embarque del Gas boliviano en Chile y no en la renacionalización de
la extracción y la facturación. Paralelamente discursea sobre la necesidad
de someterse a la racionalidad económica (léase FMI; léase
Tratado de Libre Comercio con Chile, que implica sumarse al que este país mantiene
con EEUU). Tambien se ha comprometido a convocar, sin aclarar cuando ni cómo,
una Asamblea Constituyente, a la que deriva sistemáticamente la satisfacción
de las demandas populares esenciales, siempre "según establece la
ley".
Ante
ello, Felipe Quispe (MIP-CSUTCB) le ha concedido "90 dias de plazo",
es decir hasta enero de 2004. Jaime Solares (COB) ya visitó en solitario al
nuevo presidente la misma tarde del sábado 18, declarando que "hemos
indicado que Mesa va a tener el respaldo siempre que pelee enérgicamente
contra la corrupción, porque no olvidemos que este punto le ha hecho mucho daño
al país. Hay más de 3 mil millones que se han defraudado por culpa de la
corrupción". La COB aprobó plantearle su pliego de
reivindicaciones -más o menos, el mismo que tres días antes consideraba
innegociable y de aplicación inmediata- y desconvocar la Huelga General tras
una votación en que esta postura obtuvo el apoyo de once organizaciones
laborales, mientras ocho plantearon presionar de inmediato a Mesa para lograr
ahora los objetivos sindicales y diez se mantuvieron a la expectativa. El MAS
por su lado, plantea un apoyo critico al Gobierno Mesa, ejerciendo de
su conciencia en el Parlamento, donde ubica el escenario clave del periodo
inmediato, a la vez que expresa su temor ante un posible golpe militar y duda
sobre la conveniencia de realizar primero las elecciones municipales o las de
la Constituyente.
Desde
aquí resulta imposible medir el grado de adecuación a la coyuntura de una
tregua, una vez que tuvo tanto peso la personificación en Goni de todos los
males que afligen al pueblo boliviano. Lo que sí parece contradictorio es la
general constatación de la condición de Mesa como discípulo político de
Goni y al tiempo la expresión de tan corteses y sobrevenidas confianzas en su
capacidad de cambio. De otra parte, resulta preocupante que no se responda con
contundencia el truco de dilatar los cambios exigidos hasta la reunión
de la Constituyente (por cierto, hubo alguno hace casi un siglo en otro país que intentó
hacer lo mismo, pero a este le impusieron los cambios, le echaron también
del Gobierno y una vez en curso, mandaron al diablo a la Constituyente cuando
se reunió). Tambien intriga que tras tanto énfasis en la necesidad de
modificaciones estructurales y en su incompatibilidad con la Bolivia actual -hasta
el punto de haber utilizado la consigna de "Refundar Bolivia"-
otros centren en el actual Parlamento -además hegemonizado por neoliberales y
tránsfugas de diverso pelaje- el eje esencial de su acción política,
apuntando a una solución electoral de la crisis (como si en ese caso, no
siguieran estando ahí también esas FFAA de las que se preocupan).
En
general en la crisis boliviana se han planteado demandas reivindicativas
articuladas y lógicas pero parece que no les acompañan al mismo nivel de
claridad y definición el establecimiento de los medios necesarios para
implantarlas. Y un programa que recoge objetivos políticos y sociales sin
medios afines para aplicarlos es un programa cojo. Sea ayer con Goni, hoy
con Mesa o con el que venga, sin una ruptura política que reapropie a la nación
de sus riquezas naturales, desconozca su deuda, controle el comercio exterior,
no hay forma de comenzar a satisfacer las inmensas necesidades de los
bolivianos. Quizá aterre reconocer no ya de palabra sino de hecho que no
terminó la historia. Pero si es así, ¿para qué los 140 muertos?.
A Bolivia la han hecho pobre, primero el colonialismo español y luego el
dominio oligárquico criollo sometido al imperialismo. Bolivia seguirá siendo
seguramente pobre por cierto tiempo, pero la cuestión a decidir es si esa
pobreza será una miseria impuesta y creciente sostenida en la indignidad y la
desigualdad o se trasmuta en una austeridad con dignidad controlada por las
mayorías bolivianas en beneficio de las próximas generaciones de
bolivianos y en la perspectiva de una emancipación continental. Según se
responda a esta pregunta clave será uno u otro el destino boliviano. Y es
verdad que incluso respondiéndola bien, quedan muchas tareas pendientes (cómo
superar las divisiones; cómo saber conciliar las autopresentaciones
ideológicas con las practicas reales; cómo articular y coordinar las
luchas y darles representación reconocida y operativa; como protegerse de la
represión y como trascender de las demandas a un proyecto nacional
estructurado...).
De
cómo se resuelvan todos estos desafíos dependerá que la Bolivia en
Revolución de hoy se transmute en Bolivia Revolucionaria, cerrando
quinientos años de opresión
ANDALUCIA LIBRE nº 200
jueves, 23 de octubre de 2003 2:18
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