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Día de Reyes 2004
A
Lars Ivar Owesen-Lein Borge.
Queridos
Reyes Magos:
Desde que era chiquito mis papás
me dijeron que vienen cada año. Luego me enteré que llegan cuando
estoy dormido. Siempre dejo mis esperanzas en el globo que se lleva el
cielo. Entre tantos y tantos deseos, ¿se acordarán de los míos?
Cuando era muy pequeño solía escarbar en la tierra del jardín.
Imaginaba que los huesos que el perro había enterrado hacía
Dios-Sabe-Cuánto-Tiempo, eran restos y prueba de civilizaciones
perdidas.
Imaginaba también que mientras
ustedes se acercaban a la Tierra, con sus animales maravillosos, yo por
mi parte podría llegar a ustedes más rápido si sacaba una lámpara de
baterías y les enviaba como en clave Morse –no sabía lo que esto
significaba a ciencia cierta, pero lo había leído en algún lado-, con
el haz de luminosidad e iridiscencia llegaría hasta ustedes. Les pedí
me consiguieran, de ser posible, la fotografía de mi hermanita que jamás
conocí, pues murió nonata. Deseaba tanto verla y conocer su rostro.
Mis padres me dijeron que era
preciosa y que, de haber nacido ella, ni yo ni mi hermano que me sigue
habríamos nacido. Y sin embargo lo hicimos. El día de reyes intentaba
estar despierto hasta muy tarde; quería verlos y charlar con ustedes.
Siempre les he dejado algo de comer y algo de beber para saciar su sed y
disminuir su cansancio: tanto para ustedes como para sus animalitos. ¿Dónde
los dejaban? Pues un elefante no cabe en la sala... y mucho menos si
viene con un caballo y un camello. Supongo que afuera, en el jardín.
Por eso siempre dejo dulces y agua afuera, y algo de comer y refrescos
adentro. Tres y tres de cada uno. Melchor, Gaspar y Baltazár.
Provenientes del Oriente y en camino para visitar al Señor hecho bebé
de carne y hueso. Yo dormía profundamente y despertaba antes de que el
Sol saliera. Buscaba por todos lados. Deseaba encontrar el mapa del
tesoro y la carta que explicara en detalle las instrucciones.
¿Me había portado bien
todo el año? Pues no recuerdo haberme portado mal. No sé si lo hice,
pero seguro no fue a propósito. Jamás he querido herir a nadie ni
lastimar por obra ni por omisión. Mis días fueron maravillosos con
todos los regalos. Mis juguetes eran perfectos y la alegría de esos
momentos inconmensurable... Mi sonrisa de expectación apenas era
superada al descubrir los regalos.
Los Tres Reyes Magos me habían
dejado regalos y cartitas. Yo siempre quise conservar todos y cada uno
de estos objetos. Siempre supe que nadie me quitaría esas alegrías.
Jamás pensé abandonar esa casa, ese jardín, esos árboles y su cielo
estrellado. Jamás lo he olvidado y noches como esta, el 6 de Enero de
2004 vuelvo a intentar quedarme despierto, pero no puedo hacerlo. Mis
ojos se cierran y mis miembros se relajan sin que yo lo quiera. Es mejor
ir a la cama, pues estoy seguro que mañana tendré los regalos más
maravillosos y las sonrisas de antaño. Gracias por todo Reyes Magos. Me
porté bien este año. Saludos a mi hermanita y a mi madre... ¡Hasta
pronto!
© Agustín Villalpando Sánchez.
Ciudad de México – 6 de Enero
del 2004.
01:44 Hrs.
El sueño
del ángel
A
Csarmenta
El
ángel del Señor llegó ante nosotros.
El
carro se detuvo al momento.
El
ángel del Señor nos hizo una seña.
Las
puertas del auto se abrieron.
El
ángel del Señor movió sus alas.
Salimos
y fuimos hacia adelante
El
ángel del Señor extendió sus brazos.
Nos
acogió una luz inmensa.
El
ángel del Señor nos acogió en su regazo.
Perdimos
tiempo y espacio.
El
ángel del Señor salió del Universo conocido.
Nos
perdimos el Alba.
El
ángel del Señor susurró a nuestros oídos:
TÚ
eres MI angelito...
Al
despertar,
Sentimos
que todo había sido cierto.
©
Agustín Villalpando Sánchez.
23:58
–Jan.05.2004
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