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15.04.2003

El pasado 21 de enero escribí sobre la Auto-discriminación que los gays abiertamente gays nos enfrentamos ante esta Comunidad GLBT, pues se te critica por todo y el perreo sigue siendo moneda corriente para devaluar las iniciativas, los actos, los hechos QUE-NO-SON-LOS-MIOS.

En todo caso, la respuesta de tí, amig@ lector@, fue maravillosa y llena de sensibilidad y afecto. Sabes que de verdad tenía que decirte aquellas cosas en esos momentos. Pero ahora estamos en la semana que los cristianos llamamos “Semana Mayor” o “Semana Santa”. Un tiempo de reflexión y recogimiento –si albúr- para aquellos que crecimos con una fuerte y honda tradición judeo-cristiana. Evidentemente que para much@s personas estas vacaciones son el gringuísimo “Spring Break” pero bueno, todos necesitamos un respiro de nuestro diario trafalgar.

Yo, amig@, crecí en Xochimilco, una mezcla de una familia que me cuentan es de las más antiguas del lugar –por parte de mi madre-, habitantes nativos de uno de los barrios más importantes: San Juan. Mientras que la familia de mi papá eran básicamente recién llegados de Cuajimalpa, la historia de la familia de mi papá se remonta a hace apenas unos cien años o algo así, nuevitos, nuevitos.

Pues la familia de mi madre era así de super-católica. Todos los días a misa con la Tía Juana. Todos los días en la MAÑANA. Yo la acompañaba y lo que recuerdo más y le agradezco a mi tía abuela, eran los cantos después de la misa, la iglesia estaba sola, apenas el sacristán por allá trabajando y mi tía rezaba, lo que apenas recuerdo, pero luego le cantaba a Dios: ¡Perdo-o-on Dios MIO! ¡Perdo-on-e-indul-gen-cia¡ ¡Perdón y clemencia! ¡Perdoon y piedad! Y le cantaba al santísimo y la iglesia retumbaba con su voz de viejita mexicana de antes.

Xochimilco es una sociedad de tradiciones. Es un lugar lleno de leyendas e historias. Muchas de las fiestas, por no decir que todas: Más de 400 al año según los que las han contado, pues celebramos de bautizos a bodas, de funerales –entierros y nueve días-, al Día de Muertos y las famosísimas posadas. De hecho tenemos una invitación para este año, el 21 de Diciembre, si a alguien le interesa asistir, me manda un mail por favor. Es la posada con el Niñopa...

Pues te contaba que crecí inmerso en el catolicismo. Si escuchas misa durante años, todos y cada uno de los días, sabes el momento exacto en que el padre pronuncia cosas, y el instante en que tienes que levantarte de tu asiento o arrodillarte. Yo estuve presente en varias discusiones –civilizadas, no de grito ni nada- sobre el momento en que es más propicio arrodillarse durante la elevación. Con decirte que mi hermana –la única- se fue al convento y uno de mis hermanos al seminario –ambos retornaron, temo confirmarlo, trastornados o al menos no en muy buenos términos. Mi hermano está viviendo con su esposa y nos ha desconocido al resto de la familia, mientras que mi hermana vive con sus tres hijitos y mi papá...

Pero esto no era lo que quería decirte. Para mí, Xochimilca, me costó mucho trabajo llegar a la siguiente conclusión. No te rías, por favor, porque efectivamente acabo de descubrir el hilo negro... Estoy HARTO de la Iglesia Católica. De su homofobia abierta, rampante, procaz, así como de su ULTRA DOBLE MORAL. Durante años he escuchado que la Iglesia de Roma es la UNICA y la UNIVERSAL, que es la mejor opción para salvar el alma, pero mientras que en estos días se nos enseña que debemos valorar la existencia, y que pobrecitos irakís, que malos malos malos abortistas, la Santa Madre Iglesia de Roma se vuelca con particular alegría en contra de los gays.

Ya hace más de una década que el Nuevo Catecismo de esta Iglesia reconocía que somos Seres Humanos, pero somos algo así como pecadores por naturaleza (sic) porque los actos homosexuales son malos, malos, malítsimos. En Diciembre pasado, se les ocurrió que los sacerdotes no pueden ser gay –aunque sean célibes y todo-, y esto fue en respuesta a la escandalera en Estados Unidos por el abuso contra menores de parte de SACERDOTES católicos –heterosexuales, se les olvidó; deberían prohibir ser sacerdote a los heterosexuales ;)-.

Bueno y la última gota en mi vasito fue el Léxico de la Familia. ¡YA ME TIENE HARTO! Creí que rezando y contribuyendo con New Ways Ministry –grupo católico estadounidense- podría contribuir a lo que ellos denominan “building bridges” –generando el diálogo, más o menitos-. Y ZAS que nos aclaran ahora que la homosexualidad NO TIENE VALOR SOCIAL, pues es una tendencia maligna, y que las sociedades donde se reconoce legalmente a las relaciones entre DOS SERES HUMANOS DEL MISMO GENERO son sociedades enfermas, por eso las reconocen.

Pues sí, tal vez tengan razón. Las sociedades enfermas como son casualmente las desarrolladas y LAICAS, pues que se pudran en el infierno, y mientras tanto las sociedades subdesarrolladas que sigan trayendo chilpayates –niños, pues- al mundo sin anticonceptivos porque son malos, malos requete-malos. Y que NO les reconozcan DERECHOS CIVILES a es@s homosexual@s.

La Iglesia del Amor, la Iglesia del Perdón, la Iglesia de mi Infancia cuando me maravillaba en medio de un templo construido en el siglo XVI por el mismísimo Fray Martín de Valencia –quien encabezó la primera misión franciscana en la Nueva España-, hoy me cierra una y otra vez la puerta en la cara. Hace varios años, cuando tenía novio mexicano, estaba tan inmerso en la relación que fui al padre y le “confesé” que tenía un novio. Que era feliz. El padre me dijo que debía pensar bien las cosas y que por tratarse de la Semana Santa me iba a dar la absolución pero que pensara lo que estaba haciendo.

Lo he pensado padre Juan, lo he decidido. Ya no soy Católico ni Apostólico ni Romano. Dios me ha puesto en la vida a seres humanos maravillosos. Familia por sangre y familia por amor –amigos- y a mi pareja (y nuestro hijito gay-Ardillita-). Los lazos que nos unen son tan fuertes como los lazos que unen a las familias heterosexuales. El amor que podemos tener a nuestras parejas es tan amor como el que puede tener un hombre por una mujer. Si no tenemos hijos, es porque en muchos casos las leyes lo impiden, pues esos hijos que se encuentran en situación de orfandad bien podrían estar con dos padres o dos madres cariñosos, respetuosos y ante todo, capaces de darle a esa criatura casa-vestido-y-sustento (como diría mi abuelita).

Hoy es todo lo que tengo que decirte amabl@ lector@. Ahora debo investigar la forma en que puedo renunciar de forma abierta a la Santa Madre Iglesia Católica... creo que hay un documento pero no sé si en la parroquia local o en la Mitra se tra-mitra ;o) pero si sabes, por favor, dime. 

Hasta la próxima semana NUNCA EN MARTES.

 

 Gracias por tu atención, hasta siempre

Agustín

 
15.04.2003

El pasado 21 de enero escribí sobre la Auto-discriminación que los gays abiertamente gays nos enfrentamos ante esta Comunidad GLBT, pues se te critica por todo y el perreo sigue siendo moneda corriente para devaluar las iniciativas, los actos, los hechos QUE-NO-SON-LOS-MIOS.

En todo caso, la respuesta de tí, amig@ lector@, fue maravillosa y llena de sensibilidad y afecto. Sabes que de verdad tenía que decirte aquellas cosas en esos momentos. Pero ahora estamos en la semana que los cristianos llamamos “Semana Mayor” o “Semana Santa”. Un tiempo de reflexión y recogimiento –si albúr- para aquellos que crecimos con una fuerte y honda tradición judeo-cristiana. Evidentemente que para much@s personas estas vacaciones son el gringuísimo “Spring Break” pero bueno, todos necesitamos un respiro de nuestro diario trafalgar.

Yo, amig@, crecí en Xochimilco, una mezcla de una familia que me cuentan es de las más antiguas del lugar –por parte de mi madre-, habitantes nativos de uno de los barrios más importantes: San Juan. Mientras que la familia de mi papá eran básicamente recién llegados de Cuajimalpa, la historia de la familia de mi papá se remonta a hace apenas unos cien años o algo así, nuevitos, nuevitos.

Pues la familia de mi madre era así de super-católica. Todos los días a misa con la Tía Juana. Todos los días en la MAÑANA. Yo la acompañaba y lo que recuerdo más y le agradezco a mi tía abuela, eran los cantos después de la misa, la iglesia estaba sola, apenas el sacristán por allá trabajando y mi tía rezaba, lo que apenas recuerdo, pero luego le cantaba a Dios: ¡Perdo-o-on Dios MIO! ¡Perdo-on-e-indul-gen-cia¡ ¡Perdón y clemencia! ¡Perdoon y piedad! Y le cantaba al santísimo y la iglesia retumbaba con su voz de viejita mexicana de antes.

Xochimilco es una sociedad de tradiciones. Es un lugar lleno de leyendas e historias. Muchas de las fiestas, por no decir que todas: Más de 400 al año según los que las han contado, pues celebramos de bautizos a bodas, de funerales –entierros y nueve días-, al Día de Muertos y las famosísimas posadas. De hecho tenemos una invitación para este año, el 21 de Diciembre, si a alguien le interesa asistir, me manda un mail por favor. Es la posada con el Niñopa...

Pues te contaba que crecí inmerso en el catolicismo. Si escuchas misa durante años, todos y cada uno de los días, sabes el momento exacto en que el padre pronuncia cosas, y el instante en que tienes que levantarte de tu asiento o arrodillarte. Yo estuve presente en varias discusiones –civilizadas, no de grito ni nada- sobre el momento en que es más propicio arrodillarse durante la elevación. Con decirte que mi hermana –la única- se fue al convento y uno de mis hermanos al seminario –ambos retornaron, temo confirmarlo, trastornados o al menos no en muy buenos términos. Mi hermano está viviendo con su esposa y nos ha desconocido al resto de la familia, mientras que mi hermana vive con sus tres hijitos y mi papá...

Pero esto no era lo que quería decirte. Para mí, Xochimilca, me costó mucho trabajo llegar a la siguiente conclusión. No te rías, por favor, porque efectivamente acabo de descubrir el hilo negro... Estoy HARTO de la Iglesia Católica. De su homofobia abierta, rampante, procaz, así como de su ULTRA DOBLE MORAL. Durante años he escuchado que la Iglesia de Roma es la UNICA y la UNIVERSAL, que es la mejor opción para salvar el alma, pero mientras que en estos días se nos enseña que debemos valorar la existencia, y que pobrecitos irakís, que malos malos malos abortistas, la Santa Madre Iglesia de Roma se vuelca con particular alegría en contra de los gays.

Ya hace más de una década que el Nuevo Catecismo de esta Iglesia reconocía que somos Seres Humanos, pero somos algo así como pecadores por naturaleza (sic) porque los actos homosexuales son malos, malos, malítsimos. En Diciembre pasado, se les ocurrió que los sacerdotes no pueden ser gay –aunque sean célibes y todo-, y esto fue en respuesta a la escandalera en Estados Unidos por el abuso contra menores de parte de SACERDOTES católicos –heterosexuales, se les olvidó; deberían prohibir ser sacerdote a los heterosexuales ;)-.

Bueno y la última gota en mi vasito fue el Léxico de la Familia. ¡YA ME TIENE HARTO! Creí que rezando y contribuyendo con New Ways Ministry –grupo católico estadounidense- podría contribuir a lo que ellos denominan “building bridges” –generando el diálogo, más o menitos-. Y ZAS que nos aclaran ahora que la homosexualidad NO TIENE VALOR SOCIAL, pues es una tendencia maligna, y que las sociedades donde se reconoce legalmente a las relaciones entre DOS SERES HUMANOS DEL MISMO GENERO son sociedades enfermas, por eso las reconocen.

Pues sí, tal vez tengan razón. Las sociedades enfermas como son casualmente las desarrolladas y LAICAS, pues que se pudran en el infierno, y mientras tanto las sociedades subdesarrolladas que sigan trayendo chilpayates –niños, pues- al mundo sin anticonceptivos porque son malos, malos requete-malos. Y que NO les reconozcan DERECHOS CIVILES a es@s homosexual@s.

La Iglesia del Amor, la Iglesia del Perdón, la Iglesia de mi Infancia cuando me maravillaba en medio de un templo construido en el siglo XVI por el mismísimo Fray Martín de Valencia –quien encabezó la primera misión franciscana en la Nueva España-, hoy me cierra una y otra vez la puerta en la cara. Hace varios años, cuando tenía novio mexicano, estaba tan inmerso en la relación que fui al padre y le “confesé” que tenía un novio. Que era feliz. El padre me dijo que debía pensar bien las cosas y que por tratarse de la Semana Santa me iba a dar la absolución pero que pensara lo que estaba haciendo.

Lo he pensado padre Juan, lo he decidido. Ya no soy Católico ni Apostólico ni Romano. Dios me ha puesto en la vida a seres humanos maravillosos. Familia por sangre y familia por amor –amigos- y a mi pareja (y nuestro hijito gay-Ardillita-). Los lazos que nos unen son tan fuertes como los lazos que unen a las familias heterosexuales. El amor que podemos tener a nuestras parejas es tan amor como el que puede tener un hombre por una mujer. Si no tenemos hijos, es porque en muchos casos las leyes lo impiden, pues esos hijos que se encuentran en situación de orfandad bien podrían estar con dos padres o dos madres cariñosos, respetuosos y ante todo, capaces de darle a esa criatura casa-vestido-y-sustento (como diría mi abuelita).

Hoy es todo lo que tengo que decirte amabl@ lector@. Ahora debo investigar la forma en que puedo renunciar de forma abierta a la Santa Madre Iglesia Católica... creo que hay un documento pero no sé si en la parroquia local o en la Mitra se tra-mitra ;o) pero si sabes, por favor, dime. 

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