El fenómeno de migración ha
existido desde que hay vida en nuestro planeta. La vida en
todas sus formas se mueve hacia regiones en donde las
condiciones de subsistencia son mejores buscando un cambio
que les pueda proporcionar una mejor estabilidad. En el
caso del ser humano, durante casi toda la historia, las
corrientes migratorias han sido casi tan libres como las
de las aves o los peces. Dichas migraciones fueron más
bien lentas, dadas las limitaciones naturales en cuanto a
velocidad en la locomoción de nuestra especie.
En los últimos 50 años,
aproximadamente, ha ocurrido una deformación doble y
contradictoria a ese patrón natural. Por un lado, los
medios de transporte modernos han incrementado la
velocidad y facilidad para poderse mover en cualquier
espacio y por el otro, los gobiernos de las naciones
modernas han implementado complejas reglas de inmigración.
Esas dos razones han producido una serie de problemas
sociales, económicos y legales en cada uno de los países
que han visto grandes cantidades de inmigrantes arribar a
sus territorios en tiempos recientes. Una proporción
importante de esas masas migratorias está compuesta por
individuos con pobre educación general y tecnológica y
este factor, junto con su típica determinación y
dedicación al trabajo, ayuda a aislarlos en el nuevo
país huésped.
Si consideramos ciertas reacciones
negativas en las sociedades establecidas en el nuevo país,
el aislamiento social puede llegar a ser casi total.
Dependiendo del país, esas reacciones pueden tener origen
religioso, social, económico, político, de labor
organizada, o simplemente ignorancia, prejuicio y temor a
lo desconocido. Las primeras generaciones de inmigrantes
no tienen problema en conservar su identidad moral y
personal. Sus valores siguen vivos y muchos no tienen ni
el tiempo para complicarse la vida estudiando nuevos
idiomas, oficios o profesiones. Son sus hijos, las
segundas y terceras generaciones las que contemplan un
reto a su identidad. En sus hogares, no cuentan con el
soporte que les ayude a comprender la cultura de sus
padres y es común que se hable en casa el idioma materno.
Fuera de sus casas y de sus barrios
se encuentran todos los días con la cultura dominante de
su país natal. Las escuelas, medios de comunicación,
costumbres, modas, lenguaje son diferentes a lo que
experimentan en su infancia, en sus hogares. En un
despliegue de determinación y supervivencia, similar al
de la evolución de la vida, estos grupos humanos han
creado nuevas culturas. Sus símbolos, música, vestimenta,
comida, actitudes, manera de hablar, entre otros muchos
factores, son en gran parte una combinación de los
valores de las culturas de sus padres y de las de su nuevo
país. ¿Se debe criticar o aplaudir a estas nuevas
culturas?.Proponemos que la mejor respuesta es estudiarlas
y entenderlas. Haciendo buen uso de la psicología social
y otras disciplinas se debe compilar un volumen de
conocimientos sólidos que puedan guiar a los políticos a
preparar leyes que ayuden a integrar a estos grupos en la
actividad económica y cultural del país huésped. Todo
esto respetando sus nuevas identidades.
Sobre Jesús Muñoz Jimenez
Nacida en 1967 en la región de
Castilla (España), cuna del idioma español. Grado de
psicología en la Universidad de Valladolid. Apasionada de
la Literatura y en particular de la Poesía, del que tiene
un libro escrito de poemas. Imparte conferencias en
colegios de España, para introducir la Poesía a las
nuevas generaciones. Actualmente, está por terminar su
primera novela. Como principales aficiones está la
lectura, la historia egipcia y la pintura.