|
En
los brazos del Amado: Espiritualidad erótica, erotismo
espiritual
José
Álvaro Olvera I.
Comunidad
Católica Vino Nuevo
(México)
En este lado del mundo, el
occidental, heredero de la visión dualista del mundo, el
ser humano ha sido dividido en partes opuestas: alma y
cuerpo, razón y sentimiento, masculino y femenino,
justicia y compasión. Esta separación fue trasladada al
mundo espiritual, dando como resultado la concepción de
un Dios que nada tiene que ver con la realidad material,
un alma prisionera del cuerpo, la sublimación y represión
de las emociones a favor de la vida espiritual, la condena
del placer y del sexo como radicalmente opuestos a la
voluntad de Dios.
Nuestra sociedad está más
que acostumbrada a pensar en opuestos y a considerar como
normal esta disección de la persona, tan acostumbrados
estamos que, cuando percibimos que estas partes se
muestran integradas en la vida de alguna persona,
consideramos tal integración como un serio atentado
contra el universo, cuando en realidad se trata solo del
quiebre de nuestras expectativas.
Se da por hecho, y pensamos
que así es el orden del universo, que nadie que quiera
disfrutar de su práctica erótica puede practicar un
camino espiritual; del mismo modo que nadie que quiera
practicar un camino espiritual puede vivir su vida sexual.
A esta disección dualista,
se une la confusión generalizada entre religión y
espiritualidad. Entendemos que camino espiritual, vida
espiritual o práctica espiritual son lo mismo que
aceptación de dogmas, participación den ceremonias de
culto y sujeción a jerarquías religiosas.
Como resultado, aceptamos
vivir mutilados, negando o mal viviendo una de las
principales dimensiones de nuestro ser humanos.
Convertidos en discapacitados espirituales, pasamos por la
vida limitados, fácilmente arrastrados por los
acontecimientos y experimentando un vacío que, por mucho
que lo intentemos, no podemos llenar ni con las visitas
semanales al antro, ni alcoholizándonos, ni multiplicando
los orgasmos delirando en un mar de poppers [y digo esto
sin la carga moral común a las personas religiosas. Ni me
parecen actividades malas, ni las desprecio, ni las
rechazo, como explicaré más adelante]
La cuestión es
preguntarnos seriamente si la vida espiritual es un fardo
en los hombros de las personas, fardo que ha de ser
arrojado lejos si se quiere ser libre, o si se trata de
una parte fundamental del desarrollo y de la salud humana.
Además, desde nuestra realidad de personas sexuadas y
sexuales, necesitamos preguntarnos si la espiritualidad
está peleada con nuestra vida erótica.
|