|
"Volvamos a nuestra plática": Bernal Díaz
y sus memorias novelescas
Oswaldo
Estrada
University of
Puget Sound
Tacoma, Washington
El estilo que tengo me es natural, y sin afetación ninguna escrivo
como hablo; solamente tengo cuidado de usar de vocablos que signifiquen
bien lo que quiero dezir, y dígolo quanto más llanamente me es posible,
porque a mi parecer en ninguna lengua stá bien el afetación. --Juan de
Valdés— Poco probable es que Bernal Díaz del Castillo haya leído a su
contemporáneo Juan de Valdés, quien en 1535 compuso un Diálogo de la
lengua como guía práctica sobre el uso del castellano.
Pese a que muchos libros cruzaron el Atlántico bajo el brazo de
algunos conquistadores letrados, este tratado lingüístico permaneció
inédito durante dos centurias (Surles 299). De lo que sí podemos estar
seguros es que las ideas humanistas de Erasmo y sus seguidores influyeron
en el pensamiento de algunos conquistadores y cronistas del Nuevo Mundo.
Tal vez gracias a estas ideas centradas en los valores y problemas
humanos, la Historia verdadera guarda el estilo y el pensamiento de la
conversación popular, así como las primeras conversaciones mexicanas en
un español arcaico que pronto se vuelve indiano y posteriormente lengua
nacional, con algunos giros, formas sintácticas, rasgos fonéticos y
ortográficos propios de México (Blanco 44). Aunque Bernal Díaz escribe
para ser recompensado materialmente por su participación en la conquista,
innegable es que su espíritu humanista lo orienta a escribir una Historia
verdadera de la conquista de la Nueva España para rescatar el recuerdo de
personajes poco insignes frente a la figura heroica y a cuál más
idealizada de Hernán Cortés.
A pesar de su experiencia en redactar cartas legales bajo los
parámetros lingüísticos y estructurales de la relación, su manuscrito
conserva un lenguaje íntimo. Por más que Bernal aumenta y corrige sus
memorias a lo largo de muchos años (aproximadamente treinta), las más de
las veces causa la impresión de escribir como habla. Así recrea la
mentalidad y las palabras de sus compañeros, de todos esos hombres que
sin su letra hubieran quedado silenciados por el tiempo. Implacable
consigo mismo, Bernal se queja constantemente de su lengua vulgar y poco
refinada. Pero su afán de querer escribir una historia más personal que
las de Francisco López de Gómara o su capitán Cortés lo anima (aunque
sea de forma inconsciente) a resguardar sus oraciones con metáforas y
símiles, caracterizaciones convincentes y diálogos verosímiles,
manipulando así la focalización narrativa de manera eficaz. Valiéndome
de los postulados teóricos de Paul Ricoeur sobre La memoria, la historia,
el olvido (2004), en este ensayo analizo la manera en que Bernal Díaz
utiliza su memoria como resorte principal del relato.
Al dirigirse a sus lectores como un storyteller (Walter Benjamin), con
el vestigio de la oralidad y las prácticas medievales de la lectura, el
soldado cronista del siglo XVI logra en la página impresa un efecto
novelesco. Sus recuerdos personales pronto dejan de ser sólo eso para
convertirse en la madeja de su rueca histórica y/o literaria. Así, con
las hebras de su ayer, Bernal hilvana un presente de reveses y derechos,
de contrastes enigmáticos que esperan ser descubiertos por primera vez.
Sobre Oswaldo Estrada
Soy profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Puget
Sound. Recibí mi doctorado de la Universidad de California, en Davis,
con una tesis doctoral sobre los elementos novelísticos en la crónica
de Bernal Díaz del Castillo. Soy autor de varios artículos sobre
literatura colonial y contemporánea, publicados tanto en México como
en Estados Unidos. Ahora estoy trabajando en mi libro sobre Bernal Díaz
y las crónicas novelescas de la conquista.
|