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Fernando
de Alva Ixtlilxochitl y el impacto de la historiografía criolla en la
formación de la identidad nacional mexicana
Pablo Garcia
Indiana
University Bloomington
Como
uno de los fundamentos de la ideología patriótica novohispana, la
recreación criolla del pasado prehispánico quedó necesariamente
integrada a la ideología nacionalista de México. Anahuac, tal como lo
imaginaron los historiógrafos criollos, aparece como una parcela de la
historia nacional y sus figuras más reconocidas adornan el panteón patriótico.
Sin embargo, el discurso nacionalista mexicano se ha caracterizado por una
relación ambivalente hacia lo autóctono: celebra lo “indígena” histórico
y desprecia lo “indio” contemporáneo.
Los
antecedentes de esta doble visión deben buscarse en la historiografía
criolla que se desarrolla a partir de la primera mitad del siglo XVII. Los
elementos característicos de este discurso aparecen ya claramente en la
obra de Fernando de Alva Ixtlilxochitl cuya visión juega un papel más
importante del que se suele reconocer en la cristalización del
pensamiento histórico criollo. A lo largo del periodo novohispano, a través
los herederos de Alva Ixtlilxochitl—patriotas criollos como Carlos de
Sigüenza y Góngora, de Francisco Javier Clavijero y de Carlos María de
Bustamante—se fue consolidando la concepción de la historia que sirve
de base al nacionalismo mexicano.
Ya en
el periodo nacional, las ambigüedades de esta concepción histórica se
pueden ver en los contrastes entre la arquitectura “prehispánica” del
pabellón de México en la feria mundial de París en 1899 y la
caracterización etnográfica del país que exhibía en su interior. Ahí,
el estado mexicano exponía su periferia interna en un intento por
disminuir la distancia que lo separaba del centro europeo. Al mismo tiempo,
las políticas oficiales consistentemente promovían la “desindianización”
del país como un primer paso necesario para modernizarlo.
Aun
después de la Revolución, el sistema de educación pública se afanaba
en difundir una historia nacional con un rico pasado indígena mientras
que los indios aparecían como un lastre para el desarrollo de la nación.
Las consecuencias de este doble discurso se pueden ver en la disonancia,
en la ambigüedad de la relación entre lo “indígena” y lo
“indio” que sigue plagando las relaciones entre centros y periferias
dentro del país. Todas estas instancias ilustran cómo la doble visión
criolla sigue manteniendo a los indígenas como rehenes de la historia
nacional mexicana.
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