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Chiloé
y los dilemas de la identidad cultural ante el modelo neoliberal chileno:
la visión de los artistas e intelectuales
Sergio
Mansilla Torres
Universidad de
Los Lagos
Osorno (Chile)
El
Archipiélago de Chiloé constituye unos de los territorios con mayor
singularidad y potencia cultural de Chile. Su condición isleña, sus
historia de aislamiento desde la colonia hasta el gran terremoto de 1960,
la consiguiente necesidad de generar condiciones económicas y culturales
autárquicas, son, entre otros, factores que favorecieron el desarrollo y
consolidación de una cultura propia cuyos rasgos centrales, de un modo u
otro, permanecen hasta los días de hoy (mitos y leyendas locales,
gastronomía propia, música y danzas, religiosidad popular que aun hoy
mantiene rasgos del período colonial de los jesuitas, arquitectura y diseño
propio usando la madera como material de base, artesanía textil en lana,
prácticas de vida social organizadas sobre la base del trueque de
servicios). En los últimos 20 años, Chiloé se ha convertido, por un
lado, en una poderosa atracción turística, motivada, en lo esencial, por
la imagen mágica y mitológica, anclada en una ruralidad que en muchos
aspectos pareciera ser todavía premoderna, que Chiloé proyecta al mundo.
Por otro, desde 1975, los mares de Chiloé han sido masivamente ocupados
por cultivos marinos, sobre todo de salmones, ostras y mitílidos (la
mayoría de los cultivos pertenecen a empresas transnacionales). Esto está
produciendo una rápida y violenta industrialización del archipiélago a
la vez que una privatización a gran escala de los mares que alguna vez
fueron los canales y las playas por donde libremente pescaban y mariscaban
los antiguos habitantes del Chiloé.
Los
efectos de este procesos sobre la organización social y sobre la
identidad cultural son todavía difíciles de evaluar con entera precisión.
No obstante, tras diversas indagaciones realizadas en terreno en los últimos
6 meses, podemos decir que nos asiste la convicción de que la cultura de
Chiloé se halla en una etapa terminal de “smoltización” cultural (tomamos
el concepto del historiador local Renato Cárdenas Alavarez).
“Smoltización” es un término tomado de la crianza del salmón que
alude a la etapa en la que los alevines, que viven en agua dulce, se
convierten en smolt (pasan a vivir en el agua salada donde llegarán a la
etapa de adultez). La “smoltización” de la cultura chilota significaría
que la “cultura tradicional” de las islas ha sido afectada de tal
manera por la cultura exógena global que esta “cultura tradicional”
ha llegado a un punto de no retorno al espacio cultural anterior, aquél
del “agua dulce”: una forma de vida aislada, tranquila, ajena a las
presiones de la modernidad. Chiloé es, a estas alturas, parte del mundo
global, no sólo por el aparato productivo exportador acuícola instalado
en Chiloé, sino, sobre todo, por el hecho de que las islas reciben
torrentes de significados culturales provenientes del mundo exterior tanto
por los medios como por la educación formal y, en una medida nada
despreciable, también por la inmigración de obreros que se incorporan a
las actividades acuícolas y sus derivados, de ejecutivos y profesionales
de la acuicultura (Quellón es un caso paradigmático al respecto), y de
un volumen —todavía pequeño pero influyente— de artistas e
intelectuales provenientes la mayoría de Santiago (sobre todo, en Castro
y Ancud, las dos ciudades más importantes de Chiloé).
Esta transición (“smoltización”)
es sentida, comprendida y vivenciada de maneras diversas por artistas e
intelectuales chilotes (de nacimiento y por adopción). Atrincherados unos
en una defensa apasionada del Chiloé tradicional (en realidad, el Chiloé
de los años 50 y 60 del siglo XX), analizan su tiempo presente
esencialmente como un proceso de pérdida sobre el que superponen imágenes
de una memoria elegíaca. Sin embargo, quienes más rechazan la modernidad
neoliberal de Chiloé no ven o se resisten a aceptar el hecho de que su crítica
radical es producto sistémico de la propia modernización cultural de
Chiloé que ha dado paso, entre otras cosas, a la aparición de una clase
intelectual y a la emergencia de una crítica política sobre la identidad
cultural chilota, algo que se ha vuelto un componente más del paisaje
identitario del Chiloé actual. Otros, en cambio (especialmente quienes
provienen de fuera de Chiloé), se sienten más cómodo en el vértigo de
los cambios; se saben parte de las transformaciones y buscan participar en
la “smoltización” cultural como sujetos agentes de la misma y no sólo
como sujetos sentados a la vera del camino de las transformaciones
culturales de Chiloé, contribuyendo, a menudo y quizás a su pesar, a
alimentar estereotipos culturales que terminan favoreciendo la
mercantilización de la cultura chilota actual.
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